NUESTROS CUERPOS DE RESURRECCIÓN - 1ª Corintios. 15: 35-49.

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Publicado: 10/ene./2010
Categorías: Unidad a través del orden divino o división a través del orden humano, Enfrentando al Hombre Natural, Series de Estudios

Lectura Bíblica: 1ª Corintios. 15: 35-49.

INTRODUCCIÓN

La idea de la Resurrección en la raza humana parece inconcebible a causa de su complejidad y del poder que se requiere para un evento de tal naturaleza.

            Los corintios que negaban la Resurrección  lo hacían influenciados por la Filosofía Gnóstica, la cual consideraba que el cuerpo era inherentemente malo y solo el espíritu era bueno, por lo tanto creían que NO era deseable la Resurrección del cuerpo como hemos ya visto en la meditaciones anteriores...

            Pablo ahora se enfrenta que tampoco era posible... Decían ellos “Supongamos que la Resurrección  fuera buena... ¿Cómo podría suceder esto?”...

Parte del problema radicaba en que algunos rabinos judíos basados en Job 19:26 (“En mi carne he de ver a Dios”) lo mal interpretaban sacando la conclusión de que los cuerpos resucitados serían idénticos a los cuerpos terrenales en todos los sentidos...

             Todo esto hacía que para los Gnósticos la Resurrección fuera todavía menos deseable...

             En estos versículos que hemos leído, el Apóstol Pablo responde a la pregunta del v. 35 en cuatro maneras: 1) Da una ilustración de la naturaleza, 2) Nos dice qué clase de cuerpo resucitado tendremos, 3) Contrasta el cuerpo terrenal y los cuerpos resucitados, y 4) Nos recuerda el prototipo de  Resurrección, en la cual ya creemos.


 

1.- UNA ILUSTRACIÓN DE LA NATURALEZA (vv. 36 al 38)

             Con el fin de señalar la necedad de la incredulidad sobre la Resurrección, Pablo les da una ilustración común tomada de la Naturaleza. La Resurrección es similar, en 3 formas significativas, a la siembra y crecimiento de una cosecha: Se deshace la forma original siendo diferente de la que surge, sin embargo una es continuación de la otra...

             Así, la Resurrección no es imposible, porque sucede algo similar a escala menor en la naturaleza en el mundo vegetal...

             DESCOMPOSICIÓN: Existe similitud en la descomposición al morir. Lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. La semilla muere cuando se planta en la tierra, en realidad se descompone como semilla antes de que pueda volver a la vida en su forma final como una planta (Jn 12:24)...

             Antes de que Cristo pudiera producir el fruto de la Salvación para nosotros, tenía que morir. De manera similar, antes que nosotros podamos participar en el fruto de la Resurrección, o más aún Dar Fruto en su servicio, debemos tener una especie de muerte a los deseos de esta tierra. Así dijo: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida Eterna la guardará” (Jn 12:25)...

             LA DIFERENCIA: Tanto en el crecimiento de las cosechas como en la Resurrección de los cuerpos hay una diferencia entre la forma original y la final... Solo después de dejar de se una semilla se convierte en la planta madura que cosecha el agricultor...

             Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, su cuerpo glorificado era radicalmente diferente al que murió. Lo que salió de la tumba era diferente de lo que fue sepultado... Ya no estaba limitado al tiempo, al espacio, a la sustancia material...

             No viajaba de un lado a otro de manera física como la que conocemos. Aparecía y desaparecía a voluntad, y los edificios materiales no le impedían entrar y salir a voluntad (Lc. 24:15, 31, 36; Jn 20:19; etc.)... Así será para todos los que resucitemos con Él...

             CONTINUIDAD: De la misma manera que si un siembra trigo NO cosecha cebada ni una de lino en maíz, de la misma manera nuestros cuerpos de Resurrección serán fisonómicamente similares a los terrenales y seremos reconocidos por otros que nos conocieron antes...

             Jesús era reconocible por sus discípulos. Ellos reconocieron su rostro, su costado abierto en el pecho por la lanza romana y las manos y pies perforados... Así, nuestro cuerpo morirá y cambiará de forma, pero todavía será nuestro cuerpo

 

2.- LA FORMA DE LOS CUERPOS DE RESURRECCIÓN (vv. 39 al 49a)

             Aquí se amplía la enseñanza anterior. Nuestro cuerpo resucitado será diferente en su naturaleza al que poseemos ahora... De la misma manera que existe diferencia en el tipo de carne que vemos en la naturaleza (aves, reptiles, mamíferos, peces, etc.) así Dios puede crear cuerpos de distinta naturaleza, material y otra celestial...

             Pero los cuerpos celestiales también pueden ser diferentes entre sí como la luna lo es del sol y éste de las restantes estrellas...

             Cada estrella es diferente, como cada planta y cada animal lo son también, y cada ser humano es diferente... Dios tiene una capacidad creativa infinita y con una variedad infinita...

             Así también los cuerpos resucitados serán tan individuales y singulares como los son todas las otras formas de la creación de Dios...

             Cuando Moisés y Elías aparecieron en el Monte de la Transfiguración eran tan claramente individuales como lo habían sido cuando vivieron en la tierra. No tenían en ese momento cuerpos resucitados, pero eran seres celestiales distintos el uno del otro; así un día tendrán cuerpos celestiales definidos...

             Estos patriarcas no están simplemente vivos en los cielos, sino que tienen las mismas personalidades que tuvieron en la tierra. (1)

             ¡Qué increíble que Dios los haya escogido por estas personalidades para confortar a Jesucristo en su ministerio aquí en la tierra!

             Jesús conoce a todas las ovejas por su nombre ¡¡¡Tanto en esta tierra como en los cielos!!! (Jn 10:3)

 

3.- LOS CONTRASTES DE LA RESURRECCIÓN (vv. 42B al 44)

             En el cuerpo de la Resurrección tendrá diferencias con este actual que poseemos:

             CORRUPCIÓN POR INCORRUPCIÓN: Nuestro cuerpo actual es perecedero, sujeto a corrupción, a degradación, y que terminará muriendo...

             Desde el mismo día de nuestro nacimiento comenzamos a envejecer y a deteriorar nuestro cuerpo tan esbelto... “Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo” (Ec. 3:20)

             Sal. 103:14 al 16: “Porque Él conoce nuestra condición; se acuerda que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más”.(1)

             El cuerpo actual se corrompe; el del futuro será incorruptible. En este mundo todo está sujeto al cambio y al deterioro... Como dijo SÓFOCLES: “La belleza de la juventud se marchita, y también la gloria de la humanidad” (2)

             Una de las dolorosas consecuencias de la Caída en el huerto del Edén es que a partir de ese momento el cuerpo humano se hizo irreversiblemente mortal... Pero el cuerpo de Resurrección resucitará en incorrupción (1ª P. 1:3 – 4) y no conocerá la enfermedad, la decadencia, el deterioro o la muerte...

             DESHONRA POR GLORIA: En la caída del hombre, su potencialidad para agradar y servir a Dios quedó radicalmente reducido y deteriorado... No solo su mente y espíritu, sino también su cuerpo se hizo inmensamente valioso para hacer aquello para lo que Dios lo había diseñado...

             La criatura humana fue creada perfecta, y a la misma imagen de su Creador, y fue hecha para manifestar a su Creador en todo lo que hiciera...

             Pero deshonramos a nuestro Creador con nuestra incapacidad para aprovechar completamente lo que nos ha dado en su creación... Deshonramos a Dios cuando usamos mal o abusamos del cuerpo por medio del cual Él desea que lo honremos y sirvamos...

             Pero un día este cuerpo resucitará en Gloria y será eternamente perfecto e inmortal para agradar a Dios, alabarlo y hacer gozar al Creador que lo hizo y al Redentor que lo restauró...

             DEBILIDAD POR PODER: Nuestro cuerpo actual no es tan solo débil en fortaleza física y resistencia, sino también en defenderse de enfermedades y daños de accidentes. A pesar de los maravillosos, intrincados y complejos mecanismos de defensa que posee nuestro cuerpo, nadie es totalmente inmune a enfermedades o accidentes...

             Pero un día este cuerpo resucitará en poder. No se nos dice qué va a implicar dicho poder, pero será inmensurable comparado con lo que ahora poseemos... Ya no podremos decir “El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt. 26:41)...

             ANIMAL POR ESPIRITUAL: Nuestro cuerpo actual está limitado al mundo físico, estando maravillosamente adaptado para la vida en esta tierra... Pero es el único campo y la única forma de vida para la que está adaptado...

             Sin embargo, el cuerpo nuevo del cristiano resucitará como un cuerpo espiritual. Nuestro espíritu reside ahora en cuerpo terrenal, pero un día será celestial, espiritual. Seremos espirituales en todos los sentidos... Estaremos aptamente adaptados en cuerpo y espíritu a la vida celestial...

 

4.- EL PROTOTIPO DE LA RESURRECCIÓN (vv. 45 al 49)

             El primer ser humano fue creado en un cuerpo como el resto de los seres vivientes de esta tierra, un cuerpo animal. No estaba glorificado, pero era perfecto y “bueno” en todos los sentidos (Gn. 1:31)...

             Adán y Eva estaban originalmente en un período de prueba. Si hubieran demostrado que eran fieles en vez de desobedientes, sus cuerpos habrían sido glorificados e inmortalizados al comer del fruto del árbol de la vida, del cual podrían haber comido (Gn. 2:9)...

             Sin embargo, a causa de que pecaron fueron arrojados del huerto del Edén con el fin de que no comieran de aquel Árbol de Vida y vivieran para siempre en un estado de pecado (Gn. 3:22)... Y gracias a Dios que fue así, si no imagínese a un dictador eterno...

             Sin embargo el postrer Adán, es decir Jesucristo fue hecho espíritu vivificante (Ro. 5:19, 21; cp. vv 12, 15) Por medio de Él heredaremos y no un cuerpo carnal sino un cuerpo eterno espiritual, celestial...

             Por las apariciones de Jesús que tuvieron lugar luego de la Resurrección, tenemos una idea de la grandeza, poder y capacidades que tendrá aquel cuerpo que se nos dará en la Resurrección...

          Jesús apareció y desapareció según su voluntad y reapareció en otro lugar distante. Podía pasar a través de las paredes y puertas cerradas y, no obstante, podía comer, beber, sentarse, y hablar y ser visto por los que él quería que le vieran...

 

CONCLUSIÓN:

             Nuestro cuerpo actual funciona en corrupción, deshonra y debilidad un día resucitará en un cuerpo que será incorruptible, glorioso, poderoso y espiritual. Lo que ahora dificulta nuestro servicio y manifestación de la Voluntad de Dios será cambiado...

             Contaremos con el Poder de Jesucristo para servirlo y alabarlo, y su propia gloria para manifestarlo y magnificarlo... Así se nos dice en Mt. 13:43 “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre”...

             Fil. 3:21 dice que: Cristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la Gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”...

             No podemos imaginarnos exactamente lo que eso será. Ni siquiera nuestros ojos presentes espirituales pueden visualizar nuestro futuro cuerpo espiritual (1ª Jn 3:2)... No veremos nuestros propios cuerpos resucitados y tampoco lo tendremos, hasta que no veamos primero a Cristo Jesús...

             La Resurrección que nos aguarda es La Esperanza y La Motivación de la Iglesia de Jesucristo y de todos los cristianos que le seguimos. Sea lo que le ocurra a nuestro cuerpo presente – que estén sanos o enfermos, bellos o corrientes, de vida larga o corta, que vivan en comodidad o indigencia, o sean alabados o torturados – no es nuestro cuerpo permanente y  no debemos aferrarnos a él con mucho celo...

             Nuestra bendita esperanza y seguridad es que este cuerpo animal, terrenal creado así un día será recreado en un cuerpo espiritual. Aunque ahora tenemos una visión limitada de cómo será nuestro cuerpo, es suficiente con que sepamos que “seremos semejantes a Él”. (1)

             ¿Cómo será esto? El mismo Dios que puede hacer esta maravilla que es el cuerpo humano (como en el vídeo que veremos) que, aunque decadente, muestra semejante gloria hará uno muchísimo superior en poder y espiritualidad.

 Rubén Salcedo

BIBLIOGRAFÍA:

1.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO. PRIMERA DE CORINTIOS. JOHN MAC ARTHUR. Ed. PORTAVOZ.

2.- EL NUEVO TESTAMENTO COMENTADO POR WILLAM BARCLAY. 1ª y 2ª Corintios. Ed. La Aurora.


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