Autor: [AUTHOR] Publicado: 22/dic./2013 Categorías: Series de Estudios, ¡Tu Palabra, oh Dios, es Verdad!
El Libro de Ezequiel nos llama a unirnos en un encuentro permanente, fresco y vivo con Dios. Ezequiel nos reta a experimentar el poder, el conocimiento, la eterna presencia, bondad y santidad de Dios que cambie nuestra vida. Si no hemos rendido nuestra vida a Cristo, Él desea que lo hagamos para poder llegar a transformar el corazón de PIEDRA en uno de CARNE.
Si ya somos parte del pueblo de Dios, Él desea que nuestro corazón NO se endurezca. (He. 3:13-15)
Tema: “Corazón de piedra o corazón de carne”
Texto clave: Ez. 36:26-28
Pasajes selectos: Ez. 2:3-6; 5:5-7; 11:12; 14:3; 18:4, 19-20; 33:11; 38:23.
Introducción:
El libro de Ezequiel es uno de los denominados “profetas mayores” junto a Isaías, Jeremías, Lamentaciones y Daniel, no porque su contenido sea más importante que el de los “profetas menores” (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías), sino por el VOLÚMEN de su contenido, es decir, su extensión.
A primera vista se puede notar que se trata de un libro que demanda una lectura cuidadosa, ya que abundan los cuadros pictóricos, las imágenes, las alegorías y parábolas, pasando por las acciones que realizó el profeta. Una de las características más relevantes del ministerio profético de E. es la forma en que Dios hace que el mismo profeta se convierta en una especie de actor que dramatiza los eventos que anuncia. Así, muchas veces la profecía se entiende a través del ejemplo del profeta mismo, que viene a representar una especie de lección objetiva a los ojos de su pueblo. (3:1 – 5:17)
Al mismo tiempo este libro ha dado lugar a distintos tipos de interpretaciones o enfoques.
Se hizo famoso entre sus paisanos deportados a Babilonia como un cantante, que tenía bonita voz y tocaba bien (Ez. 33:32). Los psiquiatras y psicoanalistas lo consideraban una personalidad enfermiza, digna de estudio. Después de estos llegaron los adictos a los platos voladores, quienes lo consideraron como uno de los pocos seres privilegiados que logró un encuentro con los mismos en la antigüedad (cap. 1), y analizaron el libro desde esa perspectiva.
Aunque las razones por las que este libro alcanzó notoriedad a lo largo de la historia son tan diferentes y superficiales, debemos reconocer que se trata de uno de los personajes más interesantes del Antiguo Testamento. Tanto el libro como el profeta tienen una singularidad que los diferencian de otros escritos proféticos; con todo, debemos tener mucho cuidado al punto que detenernos en los aspectos insólitos, tanto del autor como del libro, nos lleve a dejar de lado el valioso mensaje que Ezequiel tiene.
I. Propósito del libro y tema
Como ya mencionamos Ezequiel tuvo que ministrar a una generación que estaba sumergida en la rebelión, el pecado, la idolatría y la desesperanza. A través de su ministerio intentó llevar al pueblo al arrepentimiento inmediato, y a confiar en el distante futuro que Dios prometía. Los siguientes PROPÓSITOS se destacan:
1 Mostrar al pueblo que Dios trabaja a través de mensajeros humanos.
2 Hacerles ver que aun en la derrota y desesperación, el pueblo de Dios necesita confiar y afirmar la soberanía de Dios.
3 Resaltar que la palabra de Dios en infalible, nunca falla.
4 Que el pueblo debe obedecer a Dios si espera recibir bendiciones.
5 Enfatizar que la presencia de Dios entre su pueblo será una realidad junto a la promesa del Espíritu de Dios en cual vivifica como la clave para la fidelidad del pacto.
Sin duda los TEMAS que sobresalen son la gloria de Dios, la inevitable caída de Jerusalén a causa de sus pecados, la soberanía de Dios y la restauración gloriosa y bendiciones futuras.
II. Autor y fecha
El nombre del libro viene de su autor (Ez.1:3) el profeta Ezequiel, nombre derivado del hebreo que significa “Dios fortalece”. En la Septuaginta aparece como Iezequiel. Y en la Vulgata como Ezechiel, de donde se deriva el nombre en español. No se hace mención de este profeta en las Escrituras, fuera de su propio libro.
Si "el año treinta" del 1:1 se refiere a la edad de Ezequiel, él tenía 25 años de edad cuando fue llevado cautivo y 30 cuando fue llamado al ministerio, 30 años era la edad en la que los sacerdotes comenzaban su cargo por lo tanto era un año importante para Ezequiel y digno de mencionar.
Era hijo de un tal Buzi (1:3)
Fue llevado a Babilonia en la segunda deportación en el año 597 a. C, su ministerio comenzó a partir del año quinto de la deportación de Joaquín, en el 593/92 a.C. mientras habitaba en Babilonia ("en la tierra de los caldeos") y se extendió por lo menos 22 años hasta el 571/70 a.C. (25:17).
Él era un contemporáneo tanto de Jeremías (quien era unos 20 años mayor) y Daniel (quien era de la misma edad), a quien él nombra en el 14:14, 20; 28:3 como un profeta que ya era bien conocido. Al igual que Jeremías (Jer 1:1) y Zacarías (Zac 1:1 con Neh 12:16).
Ezequiel fue tanto un profeta como un sacerdote (1:3). Debido a su contexto sacerdotal, él estaba particularmente interesado y a la vez familiarizado con los detalles del templo; y así Dios lo usó para escribir mucho acerca de ellos (8:1-11:25; 40:1-47:12).
Ezequiel y su Esposa (quien es mencionada en el 24:15-27) estaban entre los diez mil judíos que fueron llevados cautivos a Babilonia en el 597 a.C. (2 R 24:11-18).
Ellos vivían en Tel-Abib (3:15) en la cuenca del río Quebar (o “Gran Canal”, traducción más adecuada para “río Quebar”), probablemente a 80 km. al SE de Babilonia sobre el río Eufrates. Ezequiel escribe de la muerte de su esposa en el exilio (Ez 24:18), pero el libro no menciona la muerte de Ezequiel, las cual la tradición rabínica sugiere que ocurrió en las manos de un príncipe israelita cuya idolatría él reprendió alrededor del 560 a.C.
Basados en lo mencionado anteriormente, y considerando las fechas que el mismo profeta registra en 13 ocasiones, podemos señalar que la fecha del libro oscila entre el 593 y el 570 a.C.
III. Destinatarios y contenido del libro
En primer lugar debemos notar que el profeta se dirige al pueblo de Dios (Ez. 2:3 “yo te envío a los hijos de Israel”). Entre su auditorio estaban tanto sus compatriotas en cautiverio como los habitantes de Judá y Jerusalén (Ez. 11:25; 6; 12:10–12; 16:2; 21:2).
También, es interesante notar que menciona que el Espíritu lo llevó en visiones de Dios a Jerusalén (Ez. 8:3) para luego llevarlo nuevamente a Caldea (Ez. 11:24). En este pasaje se hace una descripción tan detallada de los pecados que se estaban cometiendo tanto en la ciudad en general como en el templo, que ha llevado a algunos autores a pensar que realmente el profeta estaba en la ciudad.
Los pecados denunciados por el profeta probablemente no eran nuevos y debían ser conocidos tanto por él como por el pueblo. Esto muestra que tenía conocimiento de la situación para su denuncia. Los exiliados a pesar que ya estaban sufriendo las consecuencias de su pecado, eran tan responsables de lo que estaba ocurriendo como los que quedaron en Judá, y por lo tanto no debían abrigar ninguna esperanza en la ciudad. Por otro lado, al dirigirse a los habitantes de Jerusalén que habían quedado, no se debe pensar que no existía comunicación entre los exiliados y los que estaban en Jerusalén; el mismo profeta Jeremías escribió una carta a los exiliados (Jer. 29) dándoles consejos. De la misma manera es posible que el profeta recibiera noticias de lo que ocurría en la ciudad y ellos recibieran allí el mensaje que Dios estaba enviando a través de su siervo.
También hay profecías contra las naciones paganas (25-32) como Amón, Moab, Edóm, Filistea, Tiro, Sidón y Egipto).
En términos generales el libro puede dividirse en dos partes bien definidas: condenación y retribución (24 cap.) y luego consolación y restauración (24 cap.). Detalladamente se puede dividir en cuatro secciones:
1 La rebelión y pecaminosidad del pueblo y las profecías sobre la ruina de Jerusalén (1 – 24)
2 Profecías sobre el juicio de Dios sobre las naciones vecinas (25 – 32)
3 Un capítulo de transición el cual contiene un último llamado para que Israel se arrepienta (33).
4 Profecías relacionadas con la futura restauración de Israel por parte de Dios (34 – 48)
IV. Trasfondo histórico
En el 605 a.C., Babilonia guiada por Nabucodonosor, comenzó la conquista de Jerusalén y la deportación de los cautivos, entre los cuales estaba Daniel (Dn 1:2). En diciembre de 598 a.C., volvió a sitiar a Jerusalén y en el 16 de marzo de 597 a.C. tomó posesión de ella. En esta ocasión se llevó cautivo a Joaquín y a un grupo de diez mil que incluyó a Ezequiel (2 R 24:11-18). La destrucción final de Jerusalén y la conquista de Judá, que incluyó la tercera deportación, ocurrió en el 586 a.C.
Religiosamente, el rey Josías (640-609 a.C.) había instituido reformas en Judá (2 Cr 34). Trágicamente, a pesar de su esfuerzo, la idolatría había insensibilizado a los judíos de tal manera que su despertar fue solo "tan profundo como su piel" en términos generales. El ejército egipcio mató a Josías al cruzar Palestina en el 609 a.C., y los judíos se hundieron en el pecado para juicio bajo Joacaz (609 a.C.), Joacim (609-598 a.C.), Joaquín (598-597 a.C.) y Sedequías (597-586 a.C.).
Domésticamente, Ezequiel y los diez mil vivieron en exilio en Babilonia (2 R 24:14), más como colonos que como cautivos, teniendo permiso de cultivar porciones de tierra bajo condiciones algo favorables (Jer 29). Aun Ezequiel tenía su propia casa (3:24; 20:1). Estaba entre ellos como testigo de lo que Dios quería hacer.
Proféticamente, los profetas engañaban a los exiliados con certezas de un regreso pronto a Judá (13:3, 16; Jer 29:1). Del 593-585 a.C., Ezequiel advirtió que su amada Jerusalén sería destruida y su exilio prolongado y por lo tanto, no había esperanza de un regreso inmediato. En el 585 a.C., una persona que se escapó de Jerusalén, quien había evadido a los babilonios, llegó a Ezequiel con las primeras noticias de que la ciudad había caído en el 586 a.C., alrededor de seis meses antes (33:21). Esto destrozó las falsas esperanzas de cualquier liberación inmediata para los exiliados, y entonces el resto de las profecías de Ezequiel se relacionaron a la restauración futura de Israel a su tierra de origen y las bendiciones futuras del reino mesiánico.
V. Temas teológicos destacados, enseñanzas y aplicaciones prácticas
La Gloria de Dios. Es fundamental, y E. experimenta tres visiones de la Gloria de Dios que ponen de manifiesto su Amor, Justicia y Santidad.
En 1:1-28, asombrosamente la gloria de Dios llega a Babilonia entre los exiliados, lo cual muestra que Dios no había abandonado a su pueblo.
En los cap. 8 al 11 contempló horrorizado como la idolatría del pueblo provocaba la ira de Dios y el alejamiento de la gloria de Dios de Jerusalén.
En cap. 43:1-5 la gloria de Dios llenó el templo, por fin Dios había regresado a su casa en medio de su pueblo obediente que lo adoraba.
El llamado de Ezequiel. Una particularidad fue el pedido de Dios de que “comiera” el rollo o pergamino con la Palabra de Dios. Esto nos habla de que tenía que asimilar la Palabra de Dios antes de proclamarla a otros. Debía tener un compromiso con la Palabra aunque a veces no fueran gratas a sus oyentes. También debía ser obediente al mandato de Dios. A pesar de que las palabras eran de quejas y lamentos fueron dulces como la miel para E.
Todos los creyentes, discípulos de Jesucristo hemos sido llamados a proclamar la Palabra de Dios, tenemos esta responsabilidad y privilegiada tarea, por lo tanto debemos ser fieles, meditar y digerir la Palabra para nosotros mismos, obedecerla y entonces estaremos en condiciones de darla a conocer a otros. Un arzobispo de Canterbury dijo: “El predicador cristiano no tiene libertad para inventar, su mensaje le ha sido comisionado, y lo que debe hacer es declarar, exponer y recomendarlo a sus oyentes”.
El libro presenta también la respuesta del pueblo a la Palabra de Dios que llegó a través del profeta.
1) Ellos se burlaban de sus profecías. Ezequiel 12:22, 27; allí afirman que la visión es para un futuro lejano, riéndose del tiempo en que se cumplirían sus palabras.
2) Ellos estaban más dispuestos a escuchar mentiras en boca de los profetas de su propio corazón, lo que nosotros llamaríamos falsos profetas (13:1–16 y 13:17–23).
3) En tercer lugar ellos respondían con nostalgia, es decir, con apego a las tradiciones. En el pasaje de 14:1–8 es posible interpretar que los ídolos que añoran pueden ser Jerusalén, el templo, la tierra. Estaban atados a las formas, al culto, a los lugares, al templo y a la ciudad, más que a Dios.
Ocurre algo parecido en estos tiempos aún en el pueblo de Dios. No nos olvidemos que cualquier cosa que necesitemos para ser feliz aparte del Señor puede ser un ídolo.
La responsabilidad individual. El tema de la responsabilidad individual aunque fue presentada en primer lugar por Jeremías (31:29, 30) fue Ezequiel quien le dio un énfasis especial. E. fue desafiado a ser un centinela que debía llamar al arrepentimiento a fin de que el que estuviera cometiendo pecado tuviera la oportunidad de arrepentirse y salvar su vida (ver Ez. 3:16–18).
En el cap. 18 enfrenta una actitud fatalista (vv. 2, 3), donde el pueblo pensaba que estaba determinado a pagar por un pecado que no había cometido y que no podía hacer nada al respecto. El profeta les anuncia que Dios trata a cada uno como persona, de manera individual; lo que le ocurra a cada uno no depende de los pecados heredados o del ambiente, sino de la elección que cada uno hace. Los ejemplos que presenta son por demás claros; un padre justo (es decir alguien que ha cumplido con los desafíos de Dios) puede tener un hijo que viva contra las demandas de Dios, la justicia del padre no salvará al hijo; o a la inversa, afirma de manera categórica: el alma que peca, esa morirá… (v. 20). Algunos podrán experimentar los efectos de la influencia parental de sus padres, o las consecuencias de los pecados de sus padres pero de ninguna manera ser considerados culpables por ellos.
El pecado del pueblo. Ezequiel tuvo que enfrentarse a un pueblo de Dios rebelde y obstinado. ¿Cuáles eran sus características principales?
Duro rostro y corazón empedernido (obstinado, enviciado) 2:3-4
Los pecados de Israel se pueden resumir en dos que violaban “el Gran Mandamiento”:
1 NO amaban a Dios con todo su ser. Le habían dado la espalda a Dios en toda forma y habían puesto a los ídolos en su corazón.
2 NO mostraban amor al prójimo. No cuidaban a los pobres, no les preocupaban los oprimidos y habían adquirido fama como ciudad derramadora de sangre inocente. (22:2)
Conclusión
No caben dudas que la causa principal que llevó al pueblo de Dios a ese estado de pecaminosidad fue SU CORAZÓN DE PIEDRA. ¿Cómo es un corazón endurecido? Veamos solo algunas características:
Insensible a la presencia de Dios
Insensible a la Palabra de Dios ya sus efectos en la vida.
Es indolente en cuanto al pecado y en cuanto al prójimo.
No acepta a las autoridades puestas por Dios.
No acepta la instrucción ni la corrección de líderes y autoridades.
La conciencia funciona después de pecar y no antes de hacerlo
Se observa la presencia continua de la queja y la murmuración.
Obstruye la comunión con Dios y afecta las relaciones interpersonales.
Dios prometió una restauración gloriosa tanto individual como colectiva que incluía un corazón de carne en lugar del de piedra, es decir, un corazón sensible evidentemente era una promesa para el pueblo del post-exilio pero que aún sigue vigente y cuyo cumplimiento se completó en la persona de Jesucristo.
Cristo se hizo hombre y manifestó una relación exclusiva con el Padre. En Cristo se inauguró el eterno reinado de Dios basado en su sacrificio en la cruz, el cual proveyó y provee salvación y vida eterna con Él para todos los que creen.
El Libro de Ezequiel nos llama a unirnos en un encuentro permanente, fresco y vivo con Dios. Ezequiel nos reta a experimentar el poder, el conocimiento, la eterna presencia, bondad y santidad de Dios que cambie nuestra vida; a dejar que Dios nos dirija; a comprender la profundidad y el compromiso con el mal que se aloja en cada corazón humano; a reconocer que Dios hace responsables a su pueblo de advertir a los hombres malvados sobre el peligro en que se encuentran; y, a experimentar una relación viva con Jesucristo, quien dio su vida para que nuestros corazones sean transformados.
Si no hemos rendido nuestra vida a Cristo, Él desea que lo hagamos para poder llegar a transformar el corazón de PIEDRA en uno de CARNE.
¿Qué haremos?
BIBLIOGRAFÍA:
BIBLIA DE ESTUDIO MAC ARTUR – REINA VALERA 1960
BIBLIA DE ESTUDIO THOMPSON - REINA VALERA 1960
NUESTRA SANTA BIBLIA. Donald E. DEMARAY
COMENTARIO BÍBLICO MUNDO HISPANO Antiguo y Nuevo Testamento