NO HAY LIBERTAD ESPIRITUAL SIN LUCHA ESPIRITUAL - Gálatas 5:16 al 18

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Publicado: 20/ene./2008
Categorías: Oíd Mortales el Grito Sagrado: ¡Libertad!, Series de Estudios

INTRODUCCIÓN

El Apóstol Pablo entra en esta sección a explicar lo que es la libertad cristiana. Hemos de ser libres de la esclavitud de la Ley... y de las pasiones de nuestra carne (nuestra vieja naturaleza).

Así como en toda nación que se jacte de ser libre hubo una lucha por medio de revoluciones que lograron la libertad de esa nación y que se cantan en sus himnos nacionales, así también en la vida cristiana no se puede ser libre espiritualmente sin conflicto espiritual.

Para analizar esta porción de la Palabra de Dios continuaremos tomando como libro de base de la Epístola a los Gálatas, el comentario de John Mac Arthur.

DESARROLLO

La carne (gr. sarx) no tiene nada en común con el poder de Dios. Uno puede ser una persona del Espíritu (un cristiano) o una persona de la carne (alguien que sigue su propia vida sin depender de Dios). NO SE PUEDE SER AMBAS COSAS A LA VEZ.

Así como Jesucristo es la Persona principal detrás de la obra de justificación, el Espíritu Santo es la Persona principal en la obra de la santificación. Para un cristiano es tan importante santificarse a sí mismo como salvarse a sí mismo.

Es decir, de la misma manera en que nunca podrá salvarse con sus propios recursos, jamás podrá vivir la vida cristiana con sus propios recursos.

En su definición más profunda y a la vez simple, la vida cristiana FIEL es una vida que se vive bajo la dirección y por el poder del Espíritu Santo.

 

1.- EL MANDATO: (5:16) “Por lo tanto, digo: Vivan según el Espíritu, y no busquen satisfacer sus propios malos deseos” (Versión DHH)

La Ley nunca ha sido y nunca tuvo el propósito de ser un medio de salvación. Fue dada por Dios para revelar sus parámetros de santidad y para que los hombres perdieran toda esperanza en sus propios esfuerzos fallidos para agradarle, lo cual le hace acudir a Jesucristo quien es el único que por la gracia divina puede hacerles aceptables para el Padre.

La santidad solo procede del Espíritu Santo. La vida santa no viene como resultado de nuestro desempeño delante de Dios sino de su desempeña través de nosotros por su propio Espíritu. La vida santa consiste en “el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” a medida que somos “llenos del Espíritu Santo” (Ef. 3:16; 5:18)

El hecho de que (gr. peripateð = andad) se emplee aquí en el tiempo presente, indica que Pablo habla acerca de una acción contínua irregular. En otras palabras, se trata de un estilo habitual de vida...

Además, el hecho de que el verbo se conjugue como imperativo también indica que el apóstol no presenta algo opcional para los creyentes sino un mandato divino.

Entre otras cosas, el acto de caminar implica avanzar, ir desde un lugar donde uno se encuentra al lugar donde debería estar. A medida que un creyente se somete al control del Espíritu, experimenta progreso en su vida espiritual.

Paso a paso el Espíritu le traslada de donde se encuentra hacia el lugar donde Dios quiere que esté. De modo que mientras el Espíritu es la fuente de todo lo relacionado con la manera santa de vivir, es al creyente a quien se manda andar.

Al recalcar el carácter central de la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente, algunos cristianos han perdido de vista la tensión que hay entre lo humano y lo divino, y han enseñado la idea que se sugiere con expresiones populares como “renuncia y cede el paso a Dios” y “vive la vida en rendición”.

Estas expresiones pueden ser de ayuda si se usan en el contexto adecuado. Si se interpretan en el sentido de renunciar a los recursos y la voluntad individuales para rendirse a la verdad y el poder de Dios, la idea es bíblica.

Por otro lado, si se utilizan, como sucede con frecuencia, para enseñar la idea de que la vida cristiana es una simple sumisión pasiva a Dios, son contrarias a todos los términos dinámicos y mandatos enérgicos acerca de hacer grandes esfuerzos y compromisos que se encuentran esparcidos por todo el Nuevo Testamento (1° Corintios 9:24-27; Hech 12:1-3)

Si la voluntad y las acciones humanas no tuvieran un papel directo y agresivo en la vida cristiana, esta sería la única instrucción que el Nuevo Testamento daría a los creyentes: Vivan según el Espíritu (Versión DHH).

Todos los demás mandatos serían supérfluos. Esta es la escencia de la teología que se conoce con el nombre de QUIETISMO, la cual tuvo en los quáqueros antiguos a sus defensores más acérrimos.

El poder para vivir la vida cristiana pertenece por completo al Espíritu Santo así como el poder de la salvación solo está en Jesucristo, pero tanto en la obra justificadora de Cristo como en la obra santificadora del Espíritu Santo, la voluntad del hombre tiene un papel activo y su compromiso diligente es requerido (Ro 6:11 – 13; Ga. 6:9 – 10)

El creyente que es guiado por el Espíritu Santo debe estar dispuesto a ir donde el Espíritu Santo le guíe y hacer lo que el Espíritu Santo le guíe a hacer. Afirmar rendición al Espíritu Santo y no participar de forma personal en la obra de Dios es llamar a Jesús “Señor, Señor” y no hacer lo que Él dice (Lc 6:46)

Aunque la palabra gr. epithumia se refiere con mayor frecuencia a un deseo maligno, también puede aplicarse a deseos fuertes de cualquier tipo, sean buenos o malos.

En el vs. 17 el término se usa tanto con relación a la voluntad maliciosa de la carne como a la voluntad santa del Espíritu Santo.

La acción de andar en el Espíritu, de tal modo que no se satisfagan los deseos de la carne, corresponde al mismo principio de: “vestíos del Señor Jesucristo y no proveáis para los deseos de la carne” (Ro 13:14)...

Andar en el Espíritu tiene que ver conque “andemos como de día, honestamente”, mientras que satisfacer los deseos de la carne tiene que ver con cosas tales como “glotonería... borracheras...  lujurias y lascivias... contiendas y envidia” (vs. 13).

Las dos conductas se excluyen mutuamente, de tal modo que todo el tiempo durante nuestra vida cristiana o bien andamos por el Espíritu o actuamos conforme a los deseos carnales, pero nunca ambas cosas al mismo tiempo.

La vida que se anda en el Espíritu es una vida que se moldea cada vez más al ejemplo y la enseñanza del Señor Jesucristo. Es una vida cuyo deseo constante y preponderante es “ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la Ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”, así como la motivación sincera “de conocerle y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimiento, llegando a ser semejante a É l en su muerte” (Fil 3:9 -10).

 


2.- EL CONFLICTO:
“Porque los malos deseos están en contra del Espíritu, y el Espíritu está en contra de los malos deseos. El uno está en contra de los otros, y por eso ustedes no pueden hacer lo que quisieran. Pero si el Espíritu los guía, entonces ya no estarán sometidos a la ley” (Ga. 17 – 18)

La vida guiada por el Espíritu Santo ES UNA VIDA DE CONFLICTO, porque está en combate constante con las costumbres viejas de “la carne” (malos deseos) que todavía teintan y seducen al cristiano: “el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne”.

Debe advertirse que la carne es el término usado con frecuencia por Pablo para describir lo que queda del “viejo hombre” tras la salvación de una persona. Se refiere a la condición humana no redimida, la parte de un creyente que aguarda su rendición futura en el momento de su glorificación (Ro 8:23)

Pablo mismo, como cualquier otro creyente, enferntó esa lucha constante contra la carne, como lo confiesa en su epístola a los Romanos.

“Porque yo sé que en mi, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno no soy capaz de hacerlo. No hago lo bueno que quiero hacer sino lo malo que no quiero hacer... Me doy cuenta de que aunque queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. En mi interior me gusta la Ley de Dios, pero veo en mi algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado que está en mi y me tiene preso. (Ro 7:18 – 19, 21 – 23)

La carne es aquella parte del creyente que funciona aparte de y en contra del Espíritu. Se opone a la obra del Espíritu en el corazón nuevo del creyente.

La persona no salva lamenta con fecuencia las cosas pecaminosas que hacen a causa de la culpa o de las consecuencias dolorosas que ello le trae, pero ninguna lucha espiritual sucede en su interior porque solo teien una naturaleza carnal y no tiene dentro de sí al Espíritu.

No experimenta un conflicto espiritual interno aparte de la voz de su conciencia que todavía alcanza a escuchar en medio de su pecaminosidad.

Sólo es en las vidas de los creyentes que el Espíritu puede batallar contra la carne porque el Espíritu habita solo en los creyentes en Cristo. Un creyente es el único que puede decir: “Según el hombre interior me deleito en la Ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros que se revela contra la ley de mi mente” (Ro 7:22 – 23)...

Sólo los creyentes viven al mismo tiempo la carne no redimida y el Espíritu de Dios, los cuales se oponen entre sí para que los creyentes no hagan lo que quieren.

Aunque la vida cristiana es una guerra, se trata de una guerra donde la victoria siempre es posible. En su oración sacerdotal Jesús habló de la autoridad que su Padre le había dado “sobre toda carne” (Jn 17:2).

Todo creyente tiene el poder del Espíritu Santo que mora en su interior para batallar con su propia carne débil y pecaminosa, a fin de que no tenga que hacer las cosas que agradan a la carne.

Como ya se mencionó, la forma más efectiva en que un cristiano se pude oponer a los deseos y a los  actos de la carne es hacerlo morir de hambre, es decir, acatar la orden apostólica: “No busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana” (Ro. 13:14).

La manera más segura de caer en un pecado es pecado es quedarse en situaciones donde existe la tentación de cometerlo. Los creyentes que no participan de manera activa en resistir el mal y procurar el bien no han permitido ser guiados por el Espíritu Santo, sin importar cuánto crean  que han “rendido sus vidas”.

El creyente fiel no es un observador sino un “buen soldado de Jesucristo” que mantiene un servicio activo a su Señor (2° Ti 2:3 – 4).

El extremo opuesto del QUIETISMO tiene el nombre tradicional de “PIETISMO”, en el cual el creyente lucha en su propio poder de manera legalista para ser todo lo que el Señor le manda y espera de él...

Aquí también se da un desequilirbio doctrinal y práctico, pero esta vez por un énfasis exagerado en disciplina, el esfuerzo individual y la diligencia personal.

En 2°P 1:3 – 4,  Pedro explica el equilibrio verdadero equilibrio de la vida cristiana: “Dios, por su poder, nos ha consedido todo lo que necesitamos para la vida y la devoción, al hacernos conocer a aquel que nos llamó por su propia grandeza y sus obras maravillosas. Por medio de estas cosas nos ha dado sus promesas que son muy grandes y de mucho valor para que por ellas lleguen ustedes a tener parte en la naruraleza de Dios y escapen de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo”

No es una cuestión de “todo de Él y nada de nosotros”, como algunos dicen. Tampoco es “Todo de nsosotros y nada de Él”. Es el balance de nuestro sometimiento y compromiso a la guía y el poder del Espíritu: “Ocúpense en su salvación con temor y temblor” dice Pablo, “Porque Dios es el que en ustedes produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil 2:12 – 13)

El misterio de este equilibrio perfecto y paradójico no puede entenderse ni explicarse del todo pero sí puede ser experimentado a plenitud.

Ser guiados por el Espíritu es lo mismo que andar en Él (vv. 16 y 25) pero hace más incapié en su liderazgo. No andamos con Él como un igual, sino que seguimos su dirección como nustro guía soberano y divino.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro 8:14).

Tan pronto Cristo entra en la vida de una persona, el Espíritu Santo lo hace también de forma simultánea (cp. Ro 8:9). En el mismo momento de su entrada empieza a guiar al hijo recién nacido de Dios en el camino de la libertad (Ga. 5:1), la santidad (5:16), la verdad (Jn 16:13 al 15), el dar fruto en abundancia (Ga 5:22 – 23), el acceso a Dios en oración (Ef 2:18), la seguridad (Ro 8:16), el dar testimonio (Hch 1:8) y el gozo (Ef 5:18 – 21).

 

CONCLUSIÓN


Inauguración del Automóvil Club de FranciaDurante un banquete ofrecido en 1895 con motivo de la inauguración del Automóvil Club de Francia, el físico M. Deprez terminó su discurso con estas palabras: “Veo acercarse el tiempo en que el automóvil hará un promedio de velocidad ya no de 24 km/h, sino de 50, y quizá de 60 km/h”.

El conductor Levassor se inclinó hacia su vecino y murmuró: ¿Por qué será que al final siempre hay algún exagerado que dice barbaridades?”.

Este obrar en la vida del cristiano es acaso un imposible para el ser humano... pero para Dios no hay nada imposible.

 

Pastor Rubén Salcedo

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- COMENTARIO DEL CONTEXTO CULTURAL DE LA BIBLIA. NUEVO TESTAMENTO por Craig S. KEENER – EDITORIAL MUNDO HISPANO.

2.- COMENTARIO MAC ARTHUR DEL NUEVO TESTAMENTO – JOHN MAC ARTHUR – EDITORIAL PORTAVOZ.


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